Un trocito de historia

15 Abril, 2017
Dómina Luz BDSM Madrid

Nunca me ha gustado demasiado la idea de hablar de mí misma, quizás sea porque prefiero escribir sobre otra serie de cosas, pero he de reconocer que cabe la posibilidad de que a alguien le interese saberlo.
Comenzaré por cómo llegué a ponerle nombre a mi yo mas personal. Desde siempre mi manera de ser ha sido todo un torbellino, de chiquilla era una “niña vieja” con razonamientos -según me cuentan- adelantados a mi edad. Al ir creciendo y llegar a la pubertad, me divertía de una manera poco común, no tenía interés ninguno por el romanticismo más tradicional de: chica y chico se gustan, juegan al despiste y al final después de marear la perdiz durante “x” tiempo, se hacen novios. Eso me aburría y hastiaba soberanamente. ¡Aún hoy, tengo la misma visión que entonces pero eso es otro tema distinto!
Lo que quiero expresar es que nunca me gustaron esas dinámicas, sin saberlo buscaba la compañía/amistad de personas más “pasivas” que yo y cuando llegaron las hormonas, las cosas no cambiaron, se acentuaron más. Estaba algo confundida he de reconocer, sabía que no era como el resto, me gustaba propinar collejas, manotones, pellizcos, etc. Y me divertía y de una manera que ahora entiendo pero entonces no, ¡me calentaba!

Por aquel entonces decidí hablar con gente de mi entorno más cercano para pedir consejo, estaba muy confundida y falta de información. La cual encontré de la mano de una persona de mi plena confianza y que tras proporcionarme la información y formación sexual que precisaba, me guió durante muchos años, ayudándome a desarrollar mi sexualidad de una manera sana y correcta sin cortarme las alas, pero sin darme más de las necesarias.
Aún recuerdo el día que le confesé que tenía pareja y que me gustaba propinarle toda serie de golpes y pellizcos y que él lejos de molestarse, me seguía el juego, ¡se rió a carcajadas la puñetera! Yo, confusa y expectante, pregunté a cerca de tal reacción y de por qué me sentía tan bien cuando lo hacía con él, por qué me sentía bien cuando era yo la que llevaba la voz cantante y él hacía todo lo posible por complacer todos y cada uno de mis mandatos y caprichos.

Comenzó por preguntarme si sabía lo que significaban las siglas SM, BDSM y FemDom, ignorante de mí no tenía ni idea, por ende, pasó a explicarme de manera sencilla y fácil lo que era y que ello tenía unas normas y códigos. Distando mucho de ser algo dañino si ambas partes estaban de acuerdo. Se me abrieron las puertas del cielo en ese preciso instante, por primera vez en mucho tiempo sentía que encajaba en algo y donde podía ser yo misma sin reservas.
Lo compartí con mi pareja de aquel entonces y la sorpresa fue mayor cuando supe que él sí sabía lo que era y compartíamos esta visión sobre las relaciones amorosas y sexuales. Pero habían algunos peros: yo no sabía apenas nada sobre BDSM, ni sobre sus prácticas y mucho menos cómo jugar con seguridad, así que con la ayuda de aquellas dos personas a las que pasado un tiempo se irían añadiendo dos más, comencé a aprender todo lo necesario para llevar a cabo una sesión y una relación D/s.
Es de cajón que el spanking era y es mi predilecta así que fue la primera que comencé a aprender, no voy a negar que cuando me enseñaron todos los útiles con los que se podía jugar me agobié bastante, ya que por lo perfeccionista que soy no pude evitar pensar que jamás iba a poder dominar cada uno de ellos a la perfección, tal y como lo veía en mis mentores. Pero poco a poco de menor a mayor dificultad fui aprendiendo y sigo haciéndolo, ya que jamás dejaré de aprender y me gusta nutrirme de la sabiduría ajena.
Los años pasaron, cada día me sentía más segura cuando jugaba y por ende, me atrevía más a probar cosas nuevas, algunas salían bien y otras mal, pero siempre me repetía a mi misma que nadie nace sabiendo y que eso es lo bonito del aprendizaje.

Y así pasaron los años y cada día estaba más convencida de que el BDSM me daba la vida y era mi sentir. Hasta que llegué a Madrid y rompí mi relación D/s 24/7 la cual mantenía desde mis comienzos en este mundo, fue un varapalo muy duro pero ¡de todo se sale!
Por dicha, comencé a conocer personas nuevas y geniales aquí en la capital de España, personas de las que seguí aprendiendo a pesar de que por aquel entonces ya llevaba casi 6 años siendo Dómina y sabía perfectamente lo que me hacía.
En aquellos años fue cuando ya de manera pública comencé mi andadura como Dómina profesional, en este momento fue cuando conocí a Dómina Libertad ya que necesitaba un estudio para llevar a cabo las sesiones y hacía años que sabía de su existencia y hablando con amigos me dieron buenísimas referencias de ella. Así que allá me fui a conocerla y conocer su estudio, me maravillaron ambos y decidí establecer allí mis sesiones.
Por aquel entonces estaba completamente sola en Madrid, acababa de romper mi relación sentimental y comenzaba desde cero por completo: nueva ciudad, nuevos amigos, nueva vivienda, etc. Pero lejos de mermarme, me crecí.
Casi al año de llegar, comencé a ir a fiestas aquí y… ¡ojú! me sentía genial en ellas, jugaba y me divertía como una niña chica. Y así pasaron los años, tuve varios sumisos, alguna que otra sumisa, me enamoré y sufrí el desamor, reí y lloré, jugué y castigué, hice amigos que hasta la fecha aún lo son y llegó el momento presente.

Dónde por el momento organizo fiestas y co-organizo cafés FemDom, llevo casi dos años retirada de la Dominación profesional, tengo a mi querido Gabriel, el cual es lo mejor que me ha pasado desde hace mucho tiempo. Vivo plena y feliz como mujer y como Dómina y aunque me queda toda la vida por delante, estos diez años dentro del BDSM han sido un verdadero sueño del que me temo que jamás voy a despertar y tampoco quiero.



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies